Bacterias contra virus: una guerra milenaria con un final inesperado

Al principio, todo era caos. Tras los tormentosos inicios de la Tierra, la vida y el equilibrio se abrían paso. Hace 4.000 millones de años, las bacterias y las arqueas dominaban el planeta. Todo era actividad volcánica, meteoritos y ausencia de oxígeno. Un paraíso en el que nada podía salir mal. Pero algo pasó en un punto desconocido. Las primeras células se ganaron un archienemigo. Un trozo de ADN capaz de sobrevivir en soledad. Una máquina perfecta que acabó con el equilibrio y empezó una guerra milenaria que sigue en marcha.

Los virus no dejan fósiles al uso. Por eso no se sabe cuándo apareció el primero. Aun así, existe la certeza de que, en esencia, no han cambiado mucho a lo largo de los milenios. Las células, sin embargo, sí lo hicieron. Se inventaron la fotosíntesis y el planeta se llenó de oxígeno. Se empezaron a agrupar y surgieron las plantas y los animales. La vida conquistó los mares y la tierra. Creó inteligencia. Pero a nivel microscópico, la guerra entre virus y bacterias sigue tan viva como al principio.

Un predador al filo del mundo vivo

Los virus son tan pequeños y simples que ni siquiera pueden replicarse a sí mismos. Los virus cargan solo con la información genética esencial para poder introducirse dentro de una célula huésped y obligarla a hacer copias del virus. El virus de la gripe, por ejemplo, tiene solo 14 genes codificantes de proteínas”, explica la bióloga y divulgadora Vivian Richter en ‘Cosmos Magazine’. La bacteria intestinal Escherichia coli tiene más de 4.400 genes.

Esta simplicidad ha sido muy discutida en los últimos años tras el descubrimiento de virus gigantes con más de 2.500 genes. Los hallazgos han reabierto el debate alrededor de la vida de los virus. Algunos han llegado incluso a sugerir un cuarto dominio biológico, el de los virus, que se uniría a las arqueas, las procariotas y las eucariotas (donde se engloban todos los organismos pluricelulares, incluidos nosotros) en el reino de los vivos.

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